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Radiestesia
La palabra radiestesia, fue acuñada por el Abad Bouly y por el Abad Bayard en 1929. Reconocida como ciencia, la radiestesia surge de la raíz latina “radius” que quiere decir radiaciones, y de la raíz griega “esthesis”, que significa sensibilidad. Por lo tanto el radiestesista es aquella persona que es sensible a las distintas radiaciones, sin importar del medio que éstas provengan. Antes de llamarse los practicantes de la radiestesia por su actual nombre, se denominaban de otras formas: zahoríes, rabdomantes, geomantes. La palabra "zahorí" procede etimológicamente del árabe “zuhari” y viene a decir algo así como: "El iluminado por la Diosa Venus".

Venus tiene dos connotaciones básicas. La primera de ellas es que Venus está muy relacionada con el eterno femenino, abriéndonos las puertas de tres facultades primordiales, como son: la sagrada intuición, la imaginación consciente y la divina inspiración, potestades imprescindibles para que logremos adentrarnos en los misterios de la Madre Tierra y de sus primigenias aguas subterráneas... y de todo lo que es.

La diferenciación entre zahorí y radiestesista es que el zahorí con el tiempo se ha ido especializando en captar venas de agua subterráneas, mientras que el radiestesista se podría decir que lo abarca todo, pues todo de una forma u otra se puede medir o contabilizar.

Como resumen histórico, sabemos que unos exploradores franceses re-descubren en 1933 en las Montañas Atlas, Argelia, lo que ahora se conoce como "Las Grutas de Tassili”. Las cuevas y abrigos se encuentran en la solitaria meseta de Tassili-n-Ajjer, a 1.300 kilómetros al sur de Argelia, llenas de pinturas rupestres. Una de ellas representa a un rabdomante buscando aguas subterráneas con una vara. Datadas con el carbono 14, se les atribuyen unos 8,000 años de antigüedad, aproximadamente. En aquella época el Sahara era un idílico vergel de vegetación, ríos y manantiales, donde vivían los descendientes de la malograda Atlántida...

En algunas tumbas del famoso Valle de los Reyes, Egipto, se han desenterrado dibujos de sacerdotes que exhibían entre sus manos varillas ahorquilladas, así como péndulos de piedra y de madera depositados en los sarcófagos a modo de ofrenda mortuoria, datados sobre el 3200 a.C.

El emperador “Yu” de la primera dinastía china “Xia”, (2200 a.C.) promulgó un edicto que decía más o menos lo siguiente: “No se construirá ninguna casa antes de que los “adivinos de la tierra” no hayan confirmado el sitio exacto de ubicación de la vivienda, para que siempre esté libre de los dañinos demonios que surgen de ella...”

Se descubren alegorías de zahoríes en Capadocia, atribuidas al período Hitita. Algunos bajorrelieves de la cuenca del Eufrates y del Tigris, muestran escenas de rabdomantes ejerciendo su oficio. Sobre el 1700 a.C.

Entre los celtas existían poetas líricos llamados “bardos”, que acompañaban todas sus canciones con liras. Los bardos eran considerados como sacerdotes, encargados de transmitir los misterios de la espiritualidad druida, generación tras generación. En muchas de sus canciones mitológicas se menciona la vara adivinatoria. Sobre el 500 a.C.

Las legiones romanas avanzan victoriosas por la vieja Europa, pertrechados de rabdomantes y augures que son los encargados de encontrar manantiales para abastecer a los ejércitos y aguas termales para la relajación de los prohombres. Sobre el 100 a.C.